butō danza japonesa

Butō: la danza japonesa nacida en el Japón de posguerra

El butō es una danza japonesa contemporánea surgida en el Japón de posguerra que explora la oscuridad, la memoria y los límites del cuerpo humano. Nacido a finales de los años cincuenta, este movimiento artístico rompió con la tradición escénica japonesa y con las influencias occidentales para crear un lenguaje radicalmente nuevo.

¿Qué es el butō? Orígenes y evolución de esta danza japonesa

El butō (舞踏) —también escrito como butoh— nace a finales de los años 50, en plena reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial. Japón atravesaba una crisis profunda marcada por el desastre nuclear, la transformación social y la influencia cultural occidental. En este contexto, el coreógrafo Tatsumi Hijikata (土方巽) comenzó a experimentar con nuevas formas de movimiento que rompían con la danza tradicional japonesa, así como con el ballet y la danza moderna occidentales.

Junto a Kazuo Ōno (大野一雄), ambos desarrollaron un lenguaje escénico radicalmente distinto que más tarde sería conocido como ankoku butō (暗黒舞踏), que literalmente significa “danza de la oscuridad”. Este se creó a partir de gestos físicos toscos y hábitos irreverentes, un ataque directo al refinamiento y la sutileza tan valorados en la estética japonesa.

Más que un estilo fijo, el butō es una exploración corporal profunda. Sus intérpretes suelen emplear movimientos extremadamente lentos, posturas tensas, gestos deformados o imágenes inquietantes. A través del cuerpo, la danza butō aborda temas como el sufrimiento, el deseo, la muerte, la memoria o los tabúes sociales. No busca la belleza en el sentido clásico, sino que explora aquello que incomoda o desestabiliza.

Aunque surgió en oposición a las corrientes dominantes, el butō no es ajeno a su entorno cultural. Algunos artistas han incorporado influencias del teatro tradicional japonés como el  (能) o el kabuki (歌舞伎), pero siempre desde una reinterpretación libre y contemporánea.

La primera obra considerada propiamente butō fue Kinjiki (禁色), creada por Hijikata e inspirada en la novela El color prohibido de Yukio Mishima (三島由紀夫). Esta exploraba el tabú de la homosexualidad y terminaba con un pollo vivo entre las piernas del hijo de Ōno. La pieza, estrenada en 1959 en un festival de danza, creó una fuerte polémica en su estreno, con Hijikata expulsado del festival y marcando un punto de ruptura en la escena artística japonesa.

Proyección internacional del butō

Años más tarde, en 1977, el tándem de Tatsumi Hijikata, a la dirección, y Kazuo Ōno, interpretando, llevaría el butō a una dimensión más poética y espiritual con su magnífica obra Admirando a La Argentina (ラ・アルヘンチーナ頌). Inspirada en la bailarina Antonia Mercè —conocida como “La Argentina” —, se convirtió en una de las piezas más emblemáticas del género y consolidó la proyección internacional del butō. Puedes ver un pequeño fragmento aquí.

Hoy, más de medio siglo después de su nacimiento, el butō sigue siendo una de las expresiones artísticas más singulares de Japón: una danza que no busca agradar, sino confrontar; que no pretende representar, sino transformar el cuerpo en un territorio de memoria, oscuridad y revelación.

Y su influencia continúa llegando a la cultura popular contemporánea. La nueva película Frankenstein (2025), dirigida por Guillermo del Toro, ha vuelto a situar el butō en el foco mediático. El actor Jacob Elordi explicó en entrevistas que, para poder representar a su personaje, un ser creado a partir de trozos de cadáveres, se inspiró en el butō, en sus movimientos lentos y sus tensiones corporales.