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Burakumin: los “intocables” de Japón y su historia

Aunque Japón suele considerarse una sociedad homogénea, existe una minoría históricamente discriminada desde hace siglos: los burakumin (部落民). A menudo conocidos como la “casta invisible” de Japón, los burakumin no se diferencian física ni culturalmente del resto de japoneses, pero todavía hoy sufren estigmas sociales relacionados con el origen y las profesiones de sus antepasados.

Las estadísticas son poco precisas y varían mucho: se estima que habría entre 1 y 3 millones, según el partido político que las publique. La información que se tiene sobre sus condiciones de vida también varía según estos. Según la Liga para la Liberación Buraku (Buraku Kaihō Dōmei, 部落解放同盟), la organización que aboga por los derechos de este colectivo, hay entre 3 y 5 millones.

El origen histórico de los burakumin

Para entender el origen de esta particular forma de marginación, nos tenemos que remontar al Japón de la antigüedad. La discriminación de este grupo se basa, principalmente, en la localización y las profesiones que ejercían sus antepasados: todos aquellos considerados parias de la sociedad, por un motivo u otro, acabaron haciendo tareas relacionadas con los trabajos conocidos hoy en día en inglés 3d jobs (dirty-sucios; dangerous-peligrosos; demeaning-degradantes). Un ejemplo serían los enterradores de cadáveres y los verdugos. Un concepto clave totalmente relacionado con cualquier tipo de discriminación de clase relacionada con la religión es la impureza y, en este caso, estas profesiones eran consideradas impuras.

Ian J. Neary sitúa el inicio de las primeras ideas enfocadas en erradicar la discriminación que estaban sufriendo los burakumin alrededor de los años 1880, cuando las ideas liberales y socialistas empezaban a aparecer en el país. Estas animaron a algunas personas burakumin a plantearse maneras de vencer la discriminación que estaban sufriendo.

Desde entonces, se han seguido distintas estrategias, empezando por la reconciliación (yuwa, 融和) y en cambiarse a sí mismos para encajar en la sociedad, pasando por la militancia con el incentivo de que la culpa no tenía que caer en ellos, sino en el sistema social japonés, que había producido y reproducido comunidades buraku y prejuicios contra ellos.

Aún luchando para erradicar la discriminación

Que el gobierno haya respondido en cierta manera a la problemática buraku ha sido, en parte, gracias al trabajo de las organizaciones de este movimiento social. A raíz de sus acciones, en el año 1965 se establece la Dōwa Taisaku Shingikai (que podríamos traducir como el Consejo Deliberativo para la Integración de los Buraku). Por primera vez el gobierno japonés admitía que una parte de la población japonesa, los burakumin, sufrían discriminación y se comprometía a tomar acción para mejorar su situación.

A raíz de eso se han ido activando leyes hasta el año 2002 que se centraron en mejorar infraestructuras de los buraku (las zonas donde suelen habitar), las becas escolares, entre otros.

Actualmente, las personas burakumin mantienen en parte este estatus marginal: aunque solamente pueden ser identificados mediante el sistema de registro familiar (Koseki, 戸籍), el estigma que reciben por parte de la sociedad japonesa en general sigue vigente, especialmente en cuanto a encontrar trabajo y casarse.